Chicago, jul (EFE).- Richard Rodríguez, director de la Autoridad de Transporte de Chicago (CTA, en inglés), el segundo sistema de transporte público más grande del país, es un abogado hispano que de joven sintió la tentación de entrar a las pandillas.
Rodríguez, de ascendencia puertorriqueña y ecuatoriana, fue nombrado en marzo por el alcalde Richard M. Daley al cargo que maneja un presupuesto de 1,3 billones de dólares y 10.500 empleados.
Sin embargo, la vida de este abogado de 38 años pudo tomar un rumbo distinto si hubiera abandonado la secundaria y sucumbido como otros jóvenes hispanos a las violentas pandillas de la ciudad.
Fue la oportuna intervención de sus padres, que lo enviaron a vivir a Puerto Rico con su abuela paterna, Amparo Rodríguez, lo que cambió su vida. Fue ella, dijo Rodríguez, quien le enseñó a valorar a la gente y las experiencias positivas de la vida.
“Si no fuera por esa experiencia, mi vida hubiese tomado otro rumbo diferente”, confesó a Efe este graduado de la Universidad de Loyola en sociología y comunicaciones y leyes de Chicago-Kent School of Law.
Ahora, al frente de CTA, su prioridad es tener el mejor sistema de transporte posible y una administración transparente.
El hispano, que creció en el barrio Humboldt Park de Chicago, reemplazó a Ron Huberman, quien fue nombrado por el alcalde para dirigir las Escuelas Públicas de la ciudad después de que Arne Duncan fuera designado secretario de Educación de EEUU.
“No sé si uno puede ya estar cómodo en el trabajo”, dijo Rodríguez sobre un sistema que usan más de un millón de personas cada día y del que también se reciben quejas.
En una encuesta reciente, publicada en la prensa de la ciudad, el principal reclamo contra la CTA era que los chóferes no esperaban a los usuarios en las paradas de autobuses.
Mientras que grupos como los latinos se quejan de falta de servicio y de que la CTA no informa a tiempo cuando hay cambios o cierres en las rutas.
Como Alejandra Ibáñez, directora de la organización Alianza de Pilsen, quien junto a otros activistas, evitó hace tres años el cierre de la ruta que atraviesa el barrio hispano de Pilsen por la Calle 18.
La activista dijo a Efe que en una encuesta hecha por ellos, casi todos los usuarios anglosajones y afroamericanos sabían del posible cambio, menos los hispanos.
“La CTA no siempre ha sido consistente en notificar a los usuarios que hablan español,” lamentó Ibáñez.
Lo mismo ocurrió cuando la CTA introdujo la Línea Rosa, la cual reemplazaba a la Línea Azul en un tramo del sistema de trenes.
“Había hispanos esperando a los trenes de la Línea Azul pero no habían sido notificados”, recordó.
Bajo su administración, insiste Rodríguez, esto cambiará y declaró que es importante informar de cualquier cambio a las comunidades que hablan otro idioma como hispanos, polacos y filipinos.
En el área de la Villita, la Organización de La Villita por el Medio Ambiente y La Justicia (LVEJO, en ingles) dijo a Efe que han luchado por obtener una nueva ruta de autobús en la Calle 31 que atraviese Chicago de este a oeste para dar acceso a los hispanos a los centros educativos y a trabajos en otras partes de la ciudad.
“Hemos estado trabajando en los últimos 15 años para que ésta, el área más poblada de méxico-americanos, tenga el mismo servicio de calidad que las otras zonas”, dijo Michael Pitula, de LVEJO.
Rodríguez dijo estar consciente de esta demanda y prometió llevarla a cabo bajo su administración si cuenta con los fondos federales suficientes.
Rodríguez usa el transporte público para ir al trabajo cuando puede y gusta de pasear los fines de semana en el tren de la CTA con sus hijos.
“Me gusta experimentar lo mismo que mis usuarios”, sostuvo Rodríguez, quien recuerda siempre un lema del alcalde: “uno nunca debe estar satisfecho” por lo que se compromete a mejorar el sistema y no incrementar las tarifas o hacer recortes al servicio público en estos tiempos de crisis económica. EFE




